Ollas comunitarias

Las ollas comunitarias podrían dar respuesta a la necesidad de fortalecer a las poblaciones

En el contexto de agudización del conflicto armado colombiano en los años 80 y 90, las ollas comunitarias surgieron como una forma de dar respuesta a dos situaciones: el hambre de la población y la necesidad de restablecer el tejido social de las comunidades desplazadas.

En este sentido, las ollas comunitarias emergieron no solo como una forma de calmar el hambre, sino también de recomponer el tejido social de comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas, devastadas por el impacto de la guerra en sus territorios y que se vieron forzadas a establecerse en ciudades como Cali, especialmente hacia las zonas del oriente y de ladera de la ciudad. Desde la perspectiva de monseñor Isaías, las ollas comunitarias podrían dar respuesta a la necesidad de fortalecer las poblaciones y a la vez enfrentar el problema del hambre desde un espíritu de fortalecimiento del tejido social y comunitario.

Siguiendo esta concepción, desde la arquidiócesis de Cali se ha impulsado la conformación de grupos de ciudadanos para organizar la adecuada gestión de sus alimentos y el fortalecimiento de los lazos comunitarios. El programa continúa actuando en la ciudad de Cali a través de la Pastoral Social de la Arquidiócesis y hoy existen 150 ollas comunitarias distribuidas en varias comunas de la ciudad¹.


¹ Bravo, G. (Mayo 21, 2020). Entre 1400 y 1500 personas son beneficiarias de las ollas comunitarias en la comuna 16. Alcaldía de Cali. https://bit.ly/341KAqb

«El fortalecimiento de la comunidad era cómo lográbamos que esa gente que llegó desplazada se encontrara con el que vivía acá, porque no es darle una prebenda a una víctima del conflicto para que el pobre tradicional quede envidiando y odiando al otro porque a él sí le dieron y a al otro no. Eso era un trabajo muy dedicado, casi de tejido, para que el desplazado encontrara cómo reinsertarse a una comunidad y, a la vez, se crearan lazos y vínculos. Así, por ejemplo, se crearon las ollas comunitarias. No era darle un plato de comida a la gente, porque eso se puede hacer de muchas formas, o repartir un pan en la calle, una taza de chocolate, no. La olla comunitaria era un espacio donde un grupo se reunía y cocinaba, se entregaba el almuerzo y teníamos la posibilidad de hablar con la comunidad. La gente empieza a entender al otro... La gastronomía era una forma de insertar al desplazado. Ya cuando uno logra que haya una unidad nos preguntamos ¿y qué más hacemos con la gente? Así empezamos otro proyecto: el de mejoramiento de ingresos»

Palabras de José Amín Cortes, amigo y asistente de monseñor Isaías Duarte Cancino.

 

Fotografía del trabajo de pastoral social. Fuente: archivo arquidiócesis de Cali.


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